Se dice que antiguamente, al alejarnos de Asunción e internarnos hacia sus arrabales "camino a la Recoleta", la calle del "Samuhú Peré" (samuhú, el palo borracho en guaraní; peré, marca o cicatriz) se unía a la avda. Santos, y que en este empalme se elevaba un gigantesco samuhú al que, ya por la irregularidad de la senda o por la enorme panza con la que el árbol invadía el paso de las carretas, éstas le habían retribuido con una profunda herida con sus ruedas. Herida cicatrizada y reabierta muchas veces. Del detalle, como muchos otros de la nomenclatura toponímica, surgiría el nombre de "Samuhú Peré", que designaba a uno de los sitios más antiguos de la ciudad, conocida actualmente hoy como la calle Juan de Salazar, una de las protagonistas de todo tipo de relaciones urbanas tan ricas y coloridas que llegan hasta nuestros días.