10/06/2015
BERND SCHUSTER
Después de sentar cátedra en el Colonia, su primer equipo de categoría en su país, Alemania, después triunfó en el fútbol español con el Barcelona, Real Madrid y Atlético de Madrid. Aunque también triunfó con la selección de Alemania con la que fue campeón de Europa en 1980. A pesar de eso solamente jugó 21 partidos internacionales porque se retiró del seleccionado.
Fue un mediocampista extraordinario, de lo más grande que dio el fútbol. Único, en su posición de defensor y atacante. Lo hacía todo, además de anotar goles de jugadas y de falta de pura fantasía. Un fenómeno. En un juego, entre el Real Madrid y el Barcelona, disputado en el Bernabéu. En el primer tiempo, El Madrid iba ganando por tres a cero. Les puedo decir, que no fue el Madrid el que iba ganando, fue Schuster. Nunca vi jugar tan bien y con tanta calidad a un jugador y mucho menos ser el autor, por su juego de ese tres a cero inicial. En la segunda parte, hubo cambios raros y el marcador, quedó tres a dos. Pero lo de Schuster no se mejorará nunca.
Una noche, estaba Schuster en el hotel, en A Coruña, era el técnico del Getafe. Cómo le tenía tanta admiración lo fui a visitar y le llevé un libro del que soy autor “El fútbol es risa y poesía”. Llamé a dos directivos y les solicité que lo llamaran. Me dijeron que era difícil, entonces para facilitar, les enseñé el libro, les dije que se lo llevaran, a ver si podía bajar un par de minutos. Y me dijeron que, bueno. Esperé y no apareció.
Al otro día, se jugó el encuentro, Deportivo-Getafe y ganó el Getafe, su equipo. Fui al término del juego a los vestuarios. Lo esperé en la puerta. Salieron todos los jugadores. Luego salió él. Pasó a tres metros de donde me encontraba y le grité: ¡”. Schuster, le gustó el libro!”. Ni me miró para la cara. Se lo repetí dos veces más. Nada, con las manos en los bolsillos, con la cabeza mirando para el suelo, no tuvo ni la gentileza de mirar hacia atrás, o hacia un lado, o un movimiento sorpresivo.
Allá se iba, orgulloso, no sé de qué, pedante, grosero, estúpido…por eso tuve que apelar al poeta para recordarle:
Escribiré en tú recuerdo:
“Te quiero para olvidarte
Para quererte te olvido”