21/04/2026
Cuando el jangueo no era Facebook
De Time Out pa’l cine… y después pa’ Taco Maker
Por Norman O. Ramírez Andiarena
El orden casi siempre era el mismo… y eso era lo bonito.
Primero caíamos en Mayagüez Mall, como si todos estuviéramos programados sin necesidad de escribirnos. De ahí, directo a Time Out Arcade. Luces, sonidos, fichas… competencia pura. Allí se decidían reputaciones: quién era el duro, quién se quedaba sin pesetas, quién tenía que pedir “una más pa’ la última”.
Después venía el cine… los de antes, los de la foto, los que estaban donde hoy está FirstBank. Entrábamos más por el vacilón que por la película. A veces ni importaba qué estaban dando. Lo importante era el grupo, el comentario por lo bajo, la risa que no se podía aguantar, el momento.
Y al final… Taco Maker. Pero no por la comida. Era porque allí estaban ellas. Las primas, las novias, las que te gustaban… o las que querías que te miraran. Y no había texto, no había DM, no había excusas digitales. Había que ir de frente. O tirar la clásica: “mira, dile a tu amiga…”—la conexión, la intermediaria, la que cuadraba lo que uno no se atrevía.
Todo era real. Sin filtro.
Si te caías bien, se notaba. Si no, también. A veces una mala mirada terminaba en dos o tres empujones… o en “par de puños” y ya. Se resolvía ahí. Sin cámaras, sin videos virales. Al otro día, como si nada.
Y de fondo… la música marcando la película de la noche. Para unos, Jerry Rivera sonando suave, romántico, acompañando miradas. Para otros, Dr. Dre retumbando en el carro, bajando cristales, dejando claro el flow. Cada cual en su esquina, pero todos en la misma vibra.
Llegaban los de Sabalos, Alturas, Roosevelt… los de Las Miñinas, Río Cristal… los de Escuela Eugenio María de Hostos, Academia Inmaculada Concepción, la vocacional… todos mezclados en un mismo escenario sin necesidad de etiquetas.
Eso era jangueo.
No había selfies para probarlo.
No había Facebook para enseñarlo.
Pero había memorias que todavía se sienten.
De Time Out pa’l cine…
del cine pa’ Taco Maker… pa detras del cine o pa la cacha de valle hermoso
y de ahí, pa’ donde la noche decidiera.
Y el que lo vivió… sabe que eso no vuelve.