04/09/2026
Muchas personas se van a quedar únicamente con una frase: “agredió y hay que condenarlo”. Hablarán de tolerancia, de violencia, de que estas cosas no pueden pasar y, con eso, darán por cerrado el asunto. Pero quedarse únicamente en eso es no querer ver lo que realmente está pasando. Porque lo ocurrido hoy no apareció de la nada. Es el reflejo de algo mucho más grande.
Sporting Cristal no es solamente un equipo de fútbol. Es un fenómeno social de masas. Tiene una hinchada transversal, presente en distintos sectores socioeconómicos y a lo largo de todo el país. Y esa hinchada expresa sus frustraciones de distintas maneras.
𝐃𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐨́ 𝐞𝐥 𝐆𝐫𝐮𝐩𝐨 𝐈𝐧𝐧𝐨𝐯𝐚 𝐒𝐩𝐨𝐫𝐭𝐬 𝐬𝐞 𝐡𝐚 𝐭𝐨𝐦𝐚𝐝𝐨 𝐝𝐢𝐬𝐭𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐯𝐚𝐥𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨́𝐫𝐢𝐜𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐢𝐝𝐞𝐧𝐭𝐢𝐝𝐚𝐝. Se ha tratado la relación con la hinchada como si fuera una variable secundaria, como si la gente pudiera soportar indefinidamente decisiones que contradicen aquello que durante décadas hizo especial a este club.
Hay un punto en el que la paciencia se agota, hasta que la relación se rompe. Y es ahí donde aparece una de las partes más tristes de lo ocurrido hoy, lo de Julio César Uribe. El "Diamante" llegó a tener algo que no se compra con un cargo, una oficina ni un contrato: el cariño de la gente. Su principal capital dentro de Sporting Cristal no era una trayectoria como dirigente, porque no existía. Era lo que había sido para nosotros como futbolista, lo que representaba, los recuerdos que construyó y el respeto que se ganó durante años.
Ese cariño se tenía que cuidar. Pero ocurrió exactamente lo contrario.
Desde su contratación se convirtió en portavoz y defensor de una administración que ya había perdido buena parte de la confianza de la hinchada. Se prestó para discursos que muchos sentimos como intentos de justificar lo injustificable. Se enfrentó verbalmente a quienes cuestionaban decisiones del club y, en lugar de entender que su autoridad provenía precisamente del respeto que alguna vez le tuvo la gente, actuó como si ese respeto fuera permanente e incondicional. ¡No lo era!
Y hoy existe una realidad imposible de ignorar: una parte importante de la gente ya dejó de verlo como una ídolo de Sporting Cristal para verlo, más bien, como parte del problema. Y que sus decisiones, sus declaraciones y su comportamiento durante este último año han tenido consecuencias en la relación que mantenía con la hinchada (y lo mismo está ocurriendo con Roberto Mosquera).
𝐀𝐪𝐮𝐢́ 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞, 𝐮𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐬𝐚𝐬 𝐦𝐚́𝐬 𝐫𝐞𝐩𝐮𝐝𝐢𝐚𝐛𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐜𝐚́𝐧𝐜𝐞𝐫 𝐥𝐥𝐚𝐦𝐚𝐝𝐨 𝐆𝐫𝐮𝐩𝐨𝐬 𝐈𝐧𝐧𝐨𝐯𝐚 𝐒𝐩𝐨𝐫𝐭𝐬, 𝐮𝐭𝐢𝐥𝐢𝐳𝐚𝐫 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐢́𝐝𝐨𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐞𝐬𝐜𝐮𝐝𝐨. 𝐋𝐨𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐧 𝐩𝐨𝐧𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞𝐚𝐧 𝐞𝐥𝐥𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐫𝐞𝐜𝐢𝐛𝐚𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐫𝐢́𝐭𝐢𝐜𝐚𝐬, 𝐥𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐜𝐥𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐲 𝐥𝐚 𝐟𝐫𝐮𝐬𝐭𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐞𝐛𝐞𝐫𝐢́𝐚𝐧 𝐫𝐞𝐜𝐢𝐛𝐢𝐫 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐭𝐨𝐦𝐚𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬, "𝐂𝐡𝐚𝐥𝐚𝐪𝐮𝐢𝐭𝐚 𝐲 𝐑𝐚𝐟𝐟𝐨".
Los convierten en la cara de una gestión sin credibilidad y, en el camino, queman a las personas que deberían representar los vínculos más fuertes entre el club y su hinchada. Y mientras tanto, Innova sigue detrás.
Los ídolos no deberían ser escudos humanos, deberían ser patrimonio de la institución. Pero, a fin de cuentas, siempre son ellos los que eligen dónde quieren estar: del lado de lo que significa El Club Sporting Cristal o del lado del problema.