24/04/2026
La conocíamos como la Kalimana. Se llamaba Reyna, y dicen que llegó a Tulancingo desde algún lugar que nadie supo precisar con certeza.
La encontrábamos casi siempre en la esquina de 1° de Mayo con 21 de Marzo, y otras veces frente a la Modelo, sobre la calle de Hidalgo.
Cuenta la leyenda que llegó portando un atuendo de cierto lujo y distinción, ropas que fueron perdiendo su brillo con el paso de los años, aunque nunca perdieron su propósito: Reyna siempre estuvo envuelta en rebozos y telas que la cubrían de pies a cabeza, como una armadura propia, como un lenguaje que sólo ella comprendía del todo. Ella misma llegó a contar que vestía de rojo porque alguien le había hecho brujería, y que así se protegía.
Vivía de la caridad, pero también recogía leña, papeles y cartones que llevaba a su rincón sin techo, su hogar improvisado bajo el cielo de esta ciudad que fue siempre también la suya. Tenía una fuerza de carácter que pocas personas poseen, y aunque al parecer padecía de sus facultades mentales, eso nunca le impidió imponerse con dignidad ante el mundo.
Los niños del barrio la buscaban con la travesura propia de su edad: le gritaban su nombre desde lejos y echaban a correr, sabiendo bien que Reyna no se quedaría quieta. Y en efecto, salía hecha una furia a perseguirlos, palo en mano, con ese cigarro inseparable que era casi su firma personal. Correr era obligatorio, porque si te alcanzaba, te alcanzaba de verdad.
En cuanto a su singular apodo, hay dos posibles explicaciones. La primera señala que aquella peculiar tela que solía llevar en la cabeza recordaba al personaje de Kalimán, el Hombre Increíble, la popular historieta que circulaba en aquellos años. La segunda apunta a su legendaria capacidad de defensa: la policía municipal intentó en más de una ocasión desalojarla, y nunca pudo. Como el propio Kalimán, Reyna era invencible en su territorio.
Hay quienes la recuerdan también caminando junto a Julio Torri por las calles del centro, imagen que nos habla de una Tulancingo donde lo cotidiano y lo extraordinario convivían con toda naturalidad.
Como sucede siempre con las leyendas verdaderas, la realidad de Reyna fue enriqueciéndose con el tiempo, mezclando memoria y ficción hasta volverse algo más grande que cualquier biografía.
En Tulancingo la preservamos como se preservan las historias que importan: de boca en boca, de generación en generación. Y también a través de un bar, de canciones, de dibujos, de cuentos y de un grupo musical de los noventa que llevaron su nombre como estandarte.
La Kalimana no pidió ser recordada. Pero en Tulancingo decidimos no olvidarla.
Lorenia Lira
Imagen de IA