21/10/2025
En una cantina famosa,
la Muerte, muy coqueta, entró,
buscando una bebida sabrosa
que el cuerpo le refrescara con primor.
Al ver el letrero tan llamativo
y lleno de sal y chile piquín,
dijo la Parca con tono festivo:
"¡Aquí se detiene mi triste trajín!"
Pidió sin pensar ni un poquito
con su voz de ultratumba tan serena:
"¡Échenme, mesero, pero rapidito,
una de micheladas La Oaxaqueña!"
El trago picante se sirvió al momento,
con su escarcha brillante y su coloración;
la Calaca, probando, sintió gran contento,
olvidando su eterna y fúnebre misión.
De tanto beber y del mezcal el aroma,
la Huesuda perdió todo pudor;
bailaba con huesos y sin ninguna coma
y al panteón regresó con muchísimo ardor.
Y así se quedó en aquel lugar,
con la chela en mano y su alegre embriaguez,
pues ya no quiso a nadie cargar,
¡sino seguir de fiesta una y otra vez!