14/02/2026
Estacionan su ego sobre los derechos ajenos
Por Adolfo Calderón Sabido
No fue un “descuido”.
No fue “tantito”.
No fue “en lo que bajo”.
Fue un chingadazo de ego estacionado donde no debía.
El primero: placas de Ciudad de México, la segunda vestida de negro, junto a su carri blanco estacionada tambien en lugar para personas con calacidades diferentes, se ve su cara en la foto: coches cómodos, sombra asegurada, y cero madre. Lugar exclusivo para personas con discapacidad ocupado y la rampa bloqueada, como si la rampa fuera adorno urbano, como si la movilidad ajena fuera un estorbo estético.
Mientras tanto, una señora de la tercera edad dio vueltas, que ma***to coraje, —porque así la obligaron— buscando dónde estacionarse y cómo bajar. No pudo. No porque su cuerpo no quisiera, sino porque unos imbéciles decidieron que su prisa valía más que su derecho.
Esto no es falta de educación vial. Es hijueputismo total.
Hay que decirlo claro: el que se estaciona ahí sabe que no debe. Lo ve pintado, lo ve señalado, lo ve obvio. Y aun así lo hace. Porque cree que el mundo es suyo, que la discapacidad es problema de otros y que en su casa les dieron una educación de cinco centavos.
No hay descuido aquí.
Hay desprecio.
Desprecio por el cuerpo ajeno.
Por la vejez.
Por la dificultad.
Por la gente que no puede simplemente “bajarse rápido”.
Luego lloramos porque el estado, nuestro Yucatán, no funciona. No funciona porque está lleno de cabronesy viejas que se pasan todo por el c**o, empezando por los más vulnerables.
Hoy fue una rampa bloqueada.
Hoy fue una señora que no pudo bajar.
Mañana será alguien que se cae.
Pasado, alguien que no llega. Y los coches, ahí, bien estacionados,, como monumento al yo y siempre yo, al me vale madre.
No es denuncia elegante.
Es rabia. Y si tú sabes quienes son ayúdame a denunciarlos para que ver si así, la próxima vez, se lo piensan 2 veces.
Y como si no bastara, a un costado otra escena igual de miserable: una señora vestida de negro, también mal estacionada, ocupando lo que no le corresponde, cerrando espacio, empujando el problema un poco más allá.
No fue coincidencia.
Fue contagio de impunidad.
Uno se estaciona mal y el de al lado dice: ah, entonces se puede.
Se normaliza el abuso en cadena.
Se hace fila para la falta de madre.
Entre el coche negro tapando la rampa y la señora de negro mal acomodada, el mensaje es claro: aquí la discapacidad estorba. Aquí el cuerpo lento molesta. Aquí el que necesita ayuda que se joda.
No son errores aislados.
Son personas decidiendo, conscientemente, pasarse al otro por encima.
La rampa no es adorno.
El lugar no es sugerencia.
Y la empatía no debería ser opcional.
Pero aquí, a plena luz del día, la estupidez se estaciona en doble fila.n