30/07/2025
XUAN BELLO
Un niño. Once años, tal vez doce, tendría cuando yo conocí a Juanjo al poco tiempo de llegar a Asturias.
Un niño que era hijo de nuestros amigos Pepe y Estrella. Un niño callado hacia afuera, pero hablador para sus adentros. Más que hablador soñador. Soñador de mundos universales por su cercanía.
Un mundo más allá de casas cuarteles, colores verdes uniformados y paredes iluminadas por bombillas con cables entelados y llaves de cerámica.
La cercanía universal de Paniceiros, de sus abuelos y sus tíos de Casa Manulón. De escalones a la panera con recuerdos guardados. De caballo atado en la cuadra y perro amigo en la puerta. La cercanía de montes y prados, de bosques y arroyos, de gente de la aldea. Ese universo al que tanto gustaba de ir y que siempre tuvo en su mente y en sus libros, cuando decidió que tenía que compartirlos con la gente.
Infancia y juventud inquieta, sosiego de su tia Olimpia, cariño de su hermana Maya. Y el amor definitivo en Sonia, con Lena, su hija, como guardiana en el futuro de un pasado imborrable.
Decía que cuando alguien le llamaba Juanjo era alguien cercano, querido, como de la familia de su pasado.
Un abrazo eterno querido Juanjo.