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LA HISTORIA DEL BAR DE JO
Al principio eran cuatro tablas y un radio-cassette. Sólo nos juntábamos allí los amigos con nuestras motos y rara vez aparecía alguien nuevo. Era normal, estábamos escondidos en uno de los más recónditos rincones de Europa. Había músicos entre nosotros y se puede decir que el Rock’n’Roll en directo forma parte de la misma esencia del Jo Bar. Estuvo ahí desde la colocación de esas primeras tablas. Sin embargo, la gente es asombrosa, poco a poco iban apareciendo más personas.
Era increíble, porque jamás hicimos ningún tipo de publicidad. Como decía Jo; “si has llegado hasta aquí, es que tenías que llegar”. Y así era. Se fue juntando una parroquia de gente especial, con ganas de salirse del tipo de garito que estaba de moda y con ganas de sentir de manera diferente. En seguida nos dimos cuenta de que el sitio que habíamos fundado ejercía una especial atracción hacia los artistas; por supuesto músicos, pero también directores de cine, escritores, actores, pintores, escultores, fotógrafos…artistas de todo el mundo nos visitaban y repetían cada verano a pesar de vivir en los lugares más alejados del mundo.
El boca a boca funcionó como un motor bien cuidado. Verano tras verano iba viniendo más y más gente. Para dar una cobertura legal al Jobar, fundamos la Asociación Cultural Jolie Rouge, que desde ese momento se encargó de la organización de conciertos, actuaciones de teatro, presentaciones de libros, exposiciones de pintura, fotografía y escultura, rodajes de cine, fiestas internacionales de motos, etc. Hoy en día, el Jobar es conocido en todo el mundo. Uno puede encontrarse la famosa pegatina pirata con la JR de Jolie Rouge en un taxi en Nueva York, en una tienda de instrumentos musicales de Dublín, o en la puerta de los camerinos de un teatro en Buenos Aires.
Se nos internacionalizó el proyecto sin que nos diéramos cuenta. En revistas de motos de toda Europa y EE.UU se publican las coordenadas exactas del Jo Bar para que lo visiten moteros de todo el mundo (A Jo esto no le mola demasiado, él sigue con la idea de que el que llegue hasta aquí, debe hacerlo por sus propios medios, sin mapas ni gepe-eses). Pero a pesar de la opinión de Jo, hoy se podría decir que el Jo Bar es como el final de la Ruta 66 en EE.UU. Un hito que muchos moteros del mundo sienten que deben cumplir. Los moteros siguen por aquí, faltaría más, nosotros los somos, es nuestra esencia, pero ahora el Jobar está siempre abierto para cualquier ser humano despierto con ganas de salirse de los raíles que el mundo actual tiende ante nosotros.