11/03/2025
Hay que ser honesto para vivir fuera de la ley.
Es difícil ser realmente honesto. Muy pocas personas lo son, quizás solo aquellas con una profunda claridad interior. Y no hablo de la honestidad que se mide por actos morales o inmorales, porque la moralidad es solo una construcción social. Sin embargo, esta construcción nos guía por un camino “acertado” y, aunque nos limite, también evita el caos total. La magia de la anarquía.
Pero volviendo a la honestidad: ¿alguna vez te has preguntado si esos zapatos caros realmente te gustan o si los compraste para encajar? ¿O si, en lugar de decir “gracias por el consejo”, en realidad pensaste “váyase a la mierda”? No somos honestos con nosotros mismos. Si analizamos con precisión, nos contamos la historia que más nos conviene para proyectar la imagen que queremos que los demás vean.
Nos gusta creer que somos únicos, seres irrepetibles y especiales, pero en realidad seguimos patrones predecibles. Cuando alguien se sale de ellos, lo llamamos loco o inadaptado. Pero, ¿y si vivir en esa locura es lo más honesto que podemos hacer?
Ahora me pregunto: ¿el loco sabe que está loco? Y si lo sabe, ¿lo disfruta? Si no lo sabe, ¿cree que los locos son los demás? O quizás simplemente no se detiene a contemplar estas cuestiones, porque vive en el presente sin preocuparse por definiciones.
Al final, vivir fuera de la ley exige una personalidad compleja, pero disciplinadamente comprometida consigo misma.
MARTINICO.