24/06/2025
La suave brisa comenzaba a correr justo cuando el sol empezaba a doblarse sobre los lagos. Alborotaba los cabellos, se colaba entre las mesas, y hacía danzar las hojas de los árboles como si todo el paisaje se preparara para una función especial. Los clientes, copa en mano, se dejaban llevar por esa paz que solo el crepúsculo podía regalar. Así fui creciendo yo, entre música y atardeceres, viendo pasar los años como si fueran escenas de una película que no tenía fin.
Y cuando el sol terminaba de esconderse tras los árboles, y el último reflejo dorado se apagaba sobre los lagos, empezaba otra de las magias de Tilapias: la de la noche. Las luces cálidas se encendían poco a poco, como luciérnagas amables que marcaban el inicio de una nueva escena. Las mesas se llenaban de familias, de parejas, de amigos que llegaban con el anhelo de un buen plato, pero también buscando calor humano, esa cosa tan escasa en una tierra tan dura como la nuestra.