24/09/2025
¿Quieren un dato interesantemente perturbador del mundo del rock?
En 1981, Crimson Fireline, una banda de rock californiana creada por cuatro jóvenes entre los 19 y 21 años, abordó un jet privado rumbo a una reunión que prometía lanzar su carrera.
Nunca llegaron.
El avión desapareció del radar sobre el Pacífico. No hubo restos, tampoco explosión. Durante casi dos décadas, los padres de los músicos vivieron con la tortura de no saber qué había pasado con sus hijos.
El caso se convirtió en un misterio sin resolver, rodeado de rumores de todo tipo.
Pero en el año 2000, una expedición de la Marina de los Estados Unidos localizó un objeto metálico a más de 12.000 pies de profundidad.
Cuando lo sacaron a la superficie, se dieron cuenta que era el jet perdido de Crimson Fireline.
La escena en la base naval fue devastadora. Las familias fueron llamadas para identificar lo que quedaba de sus hijos. En bolsas negras estaban los cuerpos del bajista Trent Madox y del guitarrista Derek Klein, aún reconocibles por su ropa icónica.
Pero el golpe más aterrador vino cuando los forenses entregaron sus resultados: los músicos no fallecieron en el accidente.
Todos tenían heridas de bala. Habían sido ejecutados en pleno vuelo.
Y entre los restos había algo más inquietante todavía: hombres vestidos con trajes de lujo, desconocidos para todos, viajando con la banda aquel día.
Para poner la cereza del pastel ni Saint Hay, el vocalista, ni Ricky Moreno, el guitarrista principal, estaban entre los cuerpos.