Durante años miramos afuera y corrimos por un cemento que nos llevaba de la ciudad de las luces a la de las diagonales, sin escalas. Una tierra regada de semillas que se desterraban para ser flores en otro lado. Es tiempo de acercarse, cultivar nuestro jardín y disfrutar de lo que acá sucede. Es tiempo de dejar las luces externas y encender nuestro interior, de dejar las diagonales y caminar nuest
ras calles. Es tiempo de trazar líneas que unan nuestros paisajes, nuestras diversidades, nuestro hacer. Tiempo de una construcción sincera, colectiva e independiente, que en su caminar nos devele la transformación. Momento de cosechar una cultura alternativa, que nos salve de perdernos de nosotros mismos; que nos libere de la malcultura, que nos quiere pasivos, callados y comprando…
Lo alternativo como aquello a lo que acceder buceando en lo profundo de nuestro ser y sorteando lo que se nos impone masificadoramente como única posibilidad de existencia. Acercarse para correr el velo de lo establecido y crear los propios colores que iluminan nuestros días. Y aunque nos digan que todo está hecho, cultivar nuestra posibilidad de creación genuina de “aquí y ahora”. Un ahora que es presente, pero atiborrado de historia compartida. Abrazar lo propio, que es siempre lo ajeno también. Queremos cosechar entre todos hoy, ahora y acá, nuestras charlas, aprendizajes, canciones, escritos, películas, obras teatrales, colores y días.