29/06/2021
Palermo, lo que yo pueda expresar sobre el hipódromo, es una miseria. De lo mas lindo en lugares que he conocido. Personalmente, respiro los domingos tradicionales que solíamos ir a las cuadreras en familia, o junto con Cachu y el Anguila. Todo lo que rodea es excelente, hasta su ambiente, las carreras se pueden ver fácilmente desde sus tribunas que son una maravilla. Algunas mesitas con sillas, y niños corriendo carreritas a su alrededor. Todo tiene una estructura histórica, se percibe en el aire a los viejos burreros, que ya no están, que alguna vez pisaron el hipódromo porque queda parte de nosotros ahí, y se desprende una armonía atractiva. La redonda es un lugar para sacar y sacar fotos, parece de primer mundo y le da un plus estético a los caballos, como si uno se sacara una foto con Messi (Por mas que salga con los ojos cerrados, es un fotón). Atractivo, histórico, místico, es poco lo que pueda decir de el hipódromo Palermo. Mucha afición, mucha historia, familias, y mucho trabajo. Jamas he sido mal atendido por algún/a boletero/a o personal, que también tienen una energía llamativa. Por ahí pienso en los políticos que buscan agarrárselas con los hipódromos, o no le dan la ayuda que debería tener la actividad, o también las mismas comisiones, construida por algunas personas que no son del palo y que a veces ''matan el turf'', como decimos todos. Tal vez necesitarían sentir lo que a mi me pasa cada vez que piso un hipódromo o Palermo que es como mi lugar en el mundo. El turf es extraordinario, una actividad que crea anécdotas que quedan en el recuerdo, nos llena de amistades que conectamos desde distintas provincias, encima sostiene familias a lo largo y ancho del país, y para otros nos da sentido a nuestras vidas.
Me saque una foto con el mandil de Le perseverant, personalmente, un pingo que no tuvo mucho renombre, y las imágenes son de allá por el 2018, al igual que el escrito que es lo que se me pasó en ese momento.
El turf es trabajo...y pasión gente. Nicolás Boaglio.