27/08/2020
Hagamos las cosas más simples…….. por favor.
Tomé conocimiento que en argentina tenemos un “sodelier”, un catador de soda, que entre otras cosas da charlas y consejos sobre cuál es el tamaño adecuado de la burbuja, si es mejor el sifón de vidrio que el de plástico y cuál es la mezcla justa para lograr un buen vino con soda. Parece chiste, pero no lo es.
Recuerdo cuando era chico, mi tía Chela, tipo 11 horas, comenzaba a preparar el almuerzo y en verano se servía un vaso con vino blanco, hielo y un par de chorros de soda, con eso a modo de coraza se enfrentaba al calor del horno o las hornallas. Simple, sin rebusques.
En el mundo del vino sobran los “como, donde, cuando y con que tomarlo”. Sin embargo hay un término que se usa en ingles “drinkability” cuya traducción sería “chupabilidad”, especie de sinónimo que resume el viejo adagio de que la mejor botella de un conjunto es la que se termina primero.
Esas falsas sofisticaciones nos llevaron a pensar, entre otras cosas, que es pecado mortal ponerle un cubito de hielo a un vino que lo necesita, o prepararnos un vino “sodeado”.
Leonardo Da Vinci sostenía que "La simplicidad es la máxima sofisticación", o lo que sostiene nuestro querido Angel Antonio Mendoza “para tomar vino no se necesita saber, se necesita querer”, en ambas definiciones coincido totalmente.
Hagamos las cosas con simplicidad y personalidad, los accesorios y la apariencia no garantizan ni sofisticación ni elegancia ni buen gusto. Cuando tengan ganas recuerden a las tías Chelas que todos seguramente tienen o tuvieron, y ante el calor un poco de vino blanco, unos hielos y un par de chorros de soda.