Don Chicho, la extraña mística de una cantina que nunca pasa de moda
Una vieja cantina italiana donde una señora de 74 años amasa pastas y donde comen la barra brava de Chacarita y personajes de la talla de Riverito, Javier Calamaro y el Cuchu Cambiasso. El local fue fundado en 1922 por los abuelos de Vicente Pace, quien popularizó el lugar en las últimas décadas junto a su esposa Coti sus hijos A
dolfo y Vicente y sus nietos
En sus orígenes funcionaba como el gran almacén del barrio y, con los años, se convirtió en sitio de reunión obligado de los paisanos de la zona, que hacían allí sus grandes comilonas. “Cada uno traía sus platos, se mataba una gallina y todos se sentaban a la mesa”, evoca Coti. “Don Chicho era el hermano de mi abuelo -completa el hijo de coty era un italiano con boina, pan abajo del brazo y canuto siempre atrás de la oreja, al que le encantaba bailar. Así fue que la esquina se convirtió en un restaurante con todas las letras, gracias a la mano mágica de Doña Filomena, madre de Vicente Pace, a quien todos recuerdan hoy como la mejor cocinera de este y otros planetas. Cuentan que Filomena le preparó de comer a la mismísima Evita, que recién llegaba a Buenos Aires para probar suerte.Devenido en paraíso de pastas, Don Chicho se convirtió en un desfile de personalidades: pasaron los grandes tangueros de todos los tiempos, Anibal Troilo, Osvaldo Pugliese, Floreal Ruiz, Alberto Morán y también escritores como Adolfo Bioy Casares, fanático confeso del bodegón. Hoy se mezclan, todas las noches y sin coherencia, personajes como Georgina Barbarosa, Héctor Rivoira o Fernando Gamboa, ex DT de Chacarita. COTI BUSTAMANTE, PATRIOMONIO PORTEÑO
Es la propia Coti, sentada en una mesa que da a la calle, la que todos los mediodías y las noches amasa fusillis, raviolones y sorrentinos. Si uno pasa por ahí, la verá al pie del cañón con su máquina pastalinda y los fierritos de un paraguas en los que da forma a sus fusillis.pero con una energía especial. En el salón, hijos, nietos, hacen de las suyas. Es la sexta generación de los Pace la que mantiene vivo el negocio. Tan famosa se ha vuelto esta mujer que el gobierno porteño la eligió como “artífice del patrimonio de la Ciudad”. Coti es, prácticamente, una estrella de rock: todos la miran, todos se quieren sacar fotos abrazándola y ella devuelve gentilezas y reparte sonrisas desde un cansancio genuino y emocionante. Es una suerte de mártir viviente de la pasta.