03/08/2024
Cerveza
Por Edu Villegas
De la cerveza se dice que, es una bebida de dioses y reyes, a vulgar bebida barata; de alimento para el espíritu y el cuerpo, a bebida que engorda y “cae” mal al estómago; de una bebida que inspiró poesía, a memes ridículos y vacuos; de una bebida noble y de gran dignidad, a bebida para gente “sin cultura”.
En fin, que nuestra amada cerveza, ha transitado a través de un periplo interminable, pendular e infinito.
Sin duda la cerveza ha visto mejores tiempos (en mi humilde opinión), sobre en aquellos míticos momentos, en los que ha alcanzado un cierto culmen en las sociedades, entronizándose como la más democrática de las bebidas, consumida lo mismo en las altas esferas sociales, que en los hogares humildes.
Períodos en los que todavía los seres humanos teníamos (por necesidad) un consumo mesurado y alejado del materialismo voraz, que hoy nos engulle.
La gran industrialización del siglo XIX, que fue la base para una economía globalizada y neoliberal, le arrancó a la cerveza toda su nobleza y mística, convirtiéndola en un insulso producto de masas, que no obstante, y en honor a la verdad, también vio tiempos mejores, las cervezas industriales cada vez más insulsas (“cadaveres embotellados” dijo una vez mi querido amigo Kuaska), cada vez más intervenidas por químicos para ajustarlas, todo en aras de bajar costos de producción, para alcanzar mayores ganancias.
Para fortuna de los cervesiafilos del mundo, el sector independiente, se abre como un bastión que nos ofrece una pletora de experiencias sensoriales, un patio de juegos para los sentidos, un jardín de auténticas delicias.
La industria cervecera moderna, empero, y siendo objetivo; también está plagada de contradicciones, de oportunistas, de aspectos negativos de los casi nunca se habla, de una famélica necesidad de protagonismos, y medallas, de visiones erradas, de displicencias, propaganda de toda índole y un muy largo etcétera.
Todo lo anterior y muchísimo más, es lo que le otorga tanto encanto y fascinación a la cerveza, razón por la cual he dedicado 18 años de mi vida a este “arte líquido” como la llamo, o a esta “poesía líquida” como la llamó mi también querido amigo, Steve Huxley (qpd).
Levantemos pues nuestras copas y brindemos, por todos los desde hace miles de años construyeron el sendero cervecero que nos trajo hasta aquí, por los que hoy la disfrutamos y por los que la disfrutaran en el futuro.
¡Feliz día de la cerveza, salud!