Situada en una de las zonas de ocio más populares de Barcelona –entre la catedral y el puerto, muy cerca del museo Picasso-, la cervecería Celler Ceres se localiza fácilmente gracias a una cabeza femenina de piedra que hay frente a su fachada. Antiguamente, esta clase de elementos ornamentales servían para indicar la presencia de un prostíbulo, en una época en que la publicidad no era escrita. Hoy
señala el camino hacia este curioso establecimiento dedicado a la venta y degustación de cervezas artesanas, que viene a añadirse al selecto club de negocios que ofrecen este producto natural y sin pasteurizar. Una tendencia en ascenso en las últimas décadas, desde que la versión no industrial de esta bebida milenaria ha conquistado el paladar de jóvenes y no tan jóvenes. El Celler Ceres recuerda a la diosa latina de las cosechas y la fertilidad que da nombre a la popular bebida de cereales: la cerveza. Se encuentra en el mismo local donde hace unos años estaba la taberna The Clansman, pionera en la introducción de cervezas escocesas y belgas en la capital catalana. Una sala amplia y acogedora donde predomina la madera, con taburetes de cuero verde y largo mostrador, cálida iluminación y chimenea antigua de metal que arropan la pizarra donde cada especialidad tiene su número, nombre, grado de alcohol, nivel de amargor, lugar de procedencia y precio. Aquí, el aficionado encontrará doce tiradores entre los que podrá degustar cervezas trapenses al estilo belga con su característica densidad turbia, las bitter de estilo inglés con cebada malteada, las stout tipo ale muy oscuras o negras, las india pale ale (IPA) con lúpulos más amargos y más grado alcohólico -que se popularizaron en los largos viajes marítimos entre Europa y la India-, o variedades locales y de proximidad como la Edge Brewing Barretina hecha en Barcelona. La filosofía de este lugar es ir cambiando con frecuencia las cervezas de barril que se sirven en pintas y medias pintas, y que también pueden comprarse para llevar. Aparte cuenta con una selección de cerveza natural embotellada y con una cuidada oferta de delicatesen como tablas de quesos, embutidos y patés artesanales, o fondues. En definitiva, un paraíso para aquellos que deseen disfrutar del sabor y la textura auténtica de esta bebida fermentada a base de lúpulo, un alimento vivo que hay que tomar sin prisas.