06/05/2026
Quince años es mucho tiempo para cualquier cosa que no sea morir, pero aquí estamos. Empezamos con las manos manchadas de stencil y los pulmones quemados, siendo un equipo de fútbol que buscaba algo que no estaba en los libros de texto. Éramos tipos raros pateando una pelota y dejando marcas en las paredes, sin pedir permiso a nadie.
Luego la cosa mutó. El hambre nos hizo evolucionar a las calcas, pegando nuestra existencia en cada poste mugriento, en cada esquina de Colombia y en ciudades extranjeras donde nadie sabía nuestros nombres. Hemos acumulado viajes que te quitan el sueño y miles de historias que solo se pueden contar con una cerveza en la mano y la mirada perdida.
Dicen que el tiempo te amansa, que te vuelve un ciudadano respetable y aburrido. Se equivocan. Perdurar no es durar mucho, es negarse a desaparecer cuando el mundo te empuja al olvido. El fútbol sigue ahí, perfumándolo todo, ese aroma agrio y glorioso que nos recuerda que seguimos vivos, que seguimos en la cancha.
Quince años de sueños que no son de algodón, sino de hormigón y cuero. El tiempo puede seguir haciendo su labor de desgaste; nosotros seguiremos ensuciando su lienzo.
Al final, lo único que importa es quién sigue ahí cuando se apagan las luces del estadio.
Un agradecimiento a por el lienzo de aniversario. Gracias por atrapar este caos antes de que nos volvamos ceniza.