06/06/2024
Noah Olón
En una fugaz y breve estadía en Olón, decidimos al azar un sitio donde desayunar simple, sencillo y silencioso.
Pero el encanto no se hizo mucho esperar; el sonido lounge propuesto en un solo parlante Sonos melodiaba perfecto, sinérgico y encantador a pesar de la suave resaca vivida un día atrás, nuestro ánimo resurgió a miles cantares, pues pronto emocionados y ambientados tan solo gozamos en el deleite.
Cada mesero se esforzaba, entre el uno al otro por ser más cortes que el otro, algo muy inusual en nuestro medio; con semblante de alegría auténtico, pues el deseo de hospitalidad al buen momento rebasaba los límites de cualquier expectativa, pues ellos lograron lo que se propusieron; nos sentimos halagados y especiales.
La cocina abierta era impecable fresca y limpia como en el paraíso. Todo rimaba en colores suaves y precisos, pues cada envase lucía un sentido de pertenencia al buen gusto de la decoración planteada.
Siquiera les agradecimos unas veinte veces por cada gesto y ellos nos correspondieron con la mejor de las sonrisas unas cuarenta veces en la fiesta de cortesía que vivimos en buen clima de armonía.
Los cautivadores platos eran consecuentes al ritmo del ambiente; exquisitos, precisos y extasiantes.
Sin duda, esta maestría emanada por sendos maestros del encanto nos brindó un momento fascinante que mucho disfrutamos hasta más no poder.
Probamos todo lo que pudimos hasta decirnos en complicidad mutua “que volveríamos lo más pronto posible”.
De las sorpresas, tal vez la mejor.
Volvería mil veces más.
Por favor; nunca cambien.