08/12/2025
Se apagó la esperanza de salir campeón, pero el segundo tiempo del partido de hoy este equipo y su hinchada se ganaron algo que no entra en ninguna vitrina: respeto.
Gracias jugadores por un gran segundo tiempo, por no bajar los brazos, ni siquiera cuando el 3 a 0 en contra parecía fulminante. Y gracias a cada hincha que paga su entrada, que camina, que hace fila, que se moja, soporta el sol y se congela, pero igual está ahí, sin entrar gratis, sin privilegios, sosteniendo al club con su bolsillo y su corazón.
Al empezar el segundo tiempo, el cielo quiso regalarnos un símbolo: un cóndor se dibujó entre las nubes, volando sobre el estadio como si nos recordara que The Strongest nació para pelear desde arriba, para no rendirse nunca, para levantar la cabeza incluso en las peores caídas. Y el equipo respondió, porque después del 3 a 0 abajo, se encontraron dos goles, se apretaron los dientes y se buscó el empate hasta el último minuto. El marcador quedó 3 a 2 y el título se nos escapó este año, pero la actitud del equipo en la cancha estuvo a la altura de la historia aurinegra.
Lo que no está a la altura de esa historia es una dirigencia que se aferra al poder, en su pasanaku , como rosca política, olvidando que el club no es un feudo ni su propiedad, es un sentimiento de pueblo. Duele saber que mientras la hinchada paga su entrada y sostiene al club, hay sueldos impagos a jugadores y al personal que día a día trabaja por estos colores, gente que también tiene familia, cuentas y sueños.
Hoy más que nunca se siente la distancia entre la grandeza de la camiseta y la pequeñez de quienes la administran.
Este mensaje es el sentir de hincha, que no entra de invitado ni por acomodo, que no se vende por pegas o un pase de cortesía. Para aquel que canta y apoya igual, aun sabiendo que el título se nos escapaba.
Que se fue con bronca, con tristeza, con la garganta ronca, pero con la frente en alto. Porque las dirigencias pasan y las roscas tarde o temprano se caen, pero la hinchada y el club quedan.
Hoy perdimos un campeonato, sí, pero no perdimos la identidad. Y mientras exista un solo stronguista dispuesto a pagar su entrada, a exigir respeto y a defender estos colores, The Strongest va a seguir siendo el decano, el Tigre derribador, aunque los dirigentes y sus llunkus se olviden de eso.